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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2008.
1 de Febrero -La ocupación es un estado del alma -Dijo Julia la tarde que la Gestapo irrumpió en la cafetería para llevársela. Habíamos pedido unos helados, pero estaba lloviendo y el camarero pensó que éramos unos alborotadores. Un café con leche y un té con limón, mucho limón. El vapor empañaba los cristales de las gafas de Julia cuando se asomaba al borde de la taza en cada sorbo. El semáforo de la esquina estaba rojo. El verde es un color que está prohibido, de alguna manera existe pero nadie piensa en él, ni siquiera cuando miramos la hierba. No se lo que Julia estaba diciéndome, porque yo pensaba en los colores del semáforo. Un coche negro se detuvo en la esquina. El semáforo estaba en rojo y bajaron dos hombres sin paraguas. Estaba en rojo aunque supongo que el coche de la Gestapo también se hubiese detenido aunque la luz hubiera sido verde. Julia había dicho que “la ocupación es un estado del alma”, puede que esa convicción le permita ser libre cuando la torturen.
2 de Febrero He ido en metro a casa de Enrique, pero no estaba en casa. Quería haber hablado de Julia. De paso, habernos bebido una botella de coñac. Pero la portera me ha dicho que había salido temprano con un enorme portafolio bajo el brazo. Mala suerte para él, porque está lloviendo. Un carajillo en el bar de la esquina. Muy caliente, hace frío. Una pareja de novios estaba sentada en una mesa junto a la ventana. Discutían. Algo así como que ella le reprochaba a él que no le presta la suficiente atención. A veces le buscamos tres pies a la felicidad. El camarero me ha puesto dos granos de café dentro del vaso, como a mi me gusta. Está bueno, muy caliente. De pronto me he dado cuenta que el chico ya no esta. Cierro los ojos. Otro trago. Abro los ojos y la chica sigue allí, sentada sola en la mesa. La tristeza perdura más que el conflicto.
4 de Febrero Sonrío cuando dejan caer piedras sobre mí desde los tejados. No soy vengativo. Creo que mis enemigos morirán antes que yo, aunque no sepa cuando. Esta firme convicción me obliga a no hacer nada, a no hacer absolutamente nada. La portera me regala una invitación para el zoológico. Me gustan las focas tendidas en el suelo esperando que les caiga encima un pescado. Todo viene del cielo: las piedras y los peces, incluso las lágrimas cuando caen al suelo.
6 de Febrero Creo que debo buscar un trabajo. Quizá Alemania sea un buen lugar para ir. Cada noche salen desde Atocha sombríos trenes cargados de trabajadores andaluces y extremeños hacia Frankfurt. Sin embargo las fábricas de munición me dan miedo. Los submarinos se construyen en Rusia. A mí me gustan mucho los submarinos pero le tengo miedo al frío. El mejor clima es el de Francia y hace falta mano de obra porque siempre están reconstruyendo puentes y vías de ferrocarril, pero se precisa visado especial ya que es zona restringida por los ataques de la guerrilla. De hecho, prefieren que el trabajo lo hagan los prisioneros. En Italia no hay empleo o al menos nada que se me ocurra. Creo que debo encontrar un trabajo más cerca. Mañana le preguntaré a Paco si necesita ayuda en el bar.
7 de Febrero A Paco le han dicho que su perro tiene un cáncer en la garganta. Daba pena ver a Paco llorando al otro lado de la barra, apoyado en el grifo de la cerveza como un “ecce hommo” recibiendo los azotes de su mala suerte. No es un buen día para pedirle trabajo. Tampoco una cerveza. El perro se asoma lastimoso por el pasillo del retrete. Están prohibidos los perros en los bares, pero a este perro ya le importa poco que le escriban una multa en un papel. Pobre perro, sus ambiciones se estrechan y ya se conforma con un caldo tibio, sólo caldo, que puede ser el último antes de que el tumor cierre del todo el esófago. No es un buen día para pedirle a Paco trabajo, tampoco para decirle que saque del bar a ese perro pulgoso.
12 de Febrero
El Ayuntamiento ha dictado un bando por el que convoca a los ciudadanos a una concentración en la Casa de Campo para celebrar el aniversario de la ocupación. Yo tengo sueño. Hoy me quedaré todo el día en la cama. Me gusta la música de los 50. Julia decía que esa nostalgia por el pasado me impide abrir los ojos a lo que sucede alrededor. Bueno, supongo que uno lleva el paisaje dentro y camina por él con los ojos cerrados. Julia tampoco hubiese ido a la concentración, aunque ya no tenga importancia su voluntad porque se la llevó la Gestapo. Puede que ella también esté ahora con los ojos cerrados pero dentro del paisaje, enterrada en el bosque. Es mejor cerrar los ojos por nostálgia. Es tarde. En la radio sólo emiten música militar.
15 de Febrero He pasado la tarde sentado en un banco del Retiro leyendo “El corazón del Ártico” (Editorial Bruno del Amo, 1928). Es el diario de Ernest Shackleton acerca de su viaje al Polo Sur entre 1907 y 1909 con la Expedición Antártica Británica. Me gusta leer los relatos de los viajes a los Polos. Mi favorito es “El peor viaje del mundo”, de Apsley Cherry Garrard (en una vieja reedición inglesa de Penguin Books de los años cincuenta), sobre todo la parte que relata un viaje de treinta días, veinticuatro horas de noche polar, caminando a tientas, azotados por tormentas y temperaturas inferiores a los cincuenta grados bajo cero, y todo era para conseguir sólo un huevo de pingüino. Un huevo de pingüino. Lo mejor es sufrir por algo absurdo. Desconfío de cualquier otro motivo para el sufrimiento. No creo en el patrimonio de los héroes. Para muchos lo heroico debe tener utilidad, pero es más honesto carecer de motivos. La belleza del impulso, la moneda que brilla en el aire, el instante fotográfico que retiene la memoria.. Mejor dejarse llevar sólo por lo sublime. Es difícil de explicar. Ayer se escucharon disparos por la noche. Alguien había escrito en la pared de la cárcel de la Gran Vía: “Amo a Carmen”. Murió en el acto. A esa heroicidad me refiero.
18 de Febrero Creer en Dios se compone de dos partes: Estar seguro de su existencia y esperar correspondencia de Él.
Si Dios viviera de espaldas a los hombres no le interesaría a nadie. Tampoco si fuese torpe o si más allá de la Creación no guardase ningún poder o sabiduría en la manga. Un Dios que no le interesara a nadie sería lo más parecido a un ídolo del bóxeo de los años cincuenta. Algo así como alguien que se sabe quien es pero al que no te acercarías a pedirle un autógrafo. Supongo que sólo mi ternura por los objetos inútiles me mueve a creer en un Dios que después de la Creación ya no puede hacerse cargo de nada. Por mi parte yo sí creo en ese Dios bebiendo solo ante una mesa al fondo del bar. Un Dios al que le pagaría la primera ronda por sentarme con él y preguntarle qué es lo que pretende olvidar. -El Apocalipsis -Me dijo
 19 de Febrero La portera tiene en el Ministerio a un primo que le ha enviado a un fontanero y a una cuadrilla de pintores para arreglar lo de la tubería rota. Eran prisioneros polacos y han llegado con escolta. Yo no he dicho nada de la gotera de mi casa, porque esos prisioneros me dan mucha tristeza. La portera me ha sonreído esta tarde cuando al salir me he cruzado con ella, sentada en una silla a la puerta. Está orgullosa. Cuando ahora tumbado en mi cama miro al cielo y tropiezo con el techo, la mancha de humedad dibuja el territorio de una isla libre de prisioneros. Después cierro los ojos y duermo con la conciencia tranquila.
24 de Febrero En algún lugar de la ciudad hay una emisora de radio clandestina. Emiten de madrugada canciones de América y leen los nombres de los fugitivos que han alcanzado la libertad en la otra orilla. Cada noche la lista es más larga aunque las canciones siguen siendo las mismas. Me gusta escuchar esos nombres de personas anónimas e imaginar vidas nuevas para ellos. Tú serás fontanero en Ohio, tu vales para limpiar los cristales de Nueva York, mejor tú das de comer a los caimanes en Nueva Orleans, tú no sirves para nada y puedes tocar Jazz... El listado es absurdo porque nadie puede cruzar el Atlántico debido a las minas y a los radares. De todas formas, no me importa que estén inventándose los nombres. Cuando escucho la lista imagino que en algún lugar de Kentucky acaso un hombre como yo escuche de otra emisora clandestina una lista similar de las personas que han llegado a estas costas libres de Europa. La esperanza no tiene dirección ni sentido.
27 de Febrero Paco me ha contado un chiste que no recuerdo pero que tenía gracia. Mis padres me envían más dinero, aunque nunca es suficiente. Las monedas que dejo caer al suelo rebotan pero no alcanzan de nuevo mi bolsillo. Pasan de largo automóviles que doblan la esquina y que no sé a dónde irán; llegan otros automóviles que se detienen en mi puerta aunque hoy no lo hagan por mí. Mis amigos sobreviven en algún lugar lejos de mis chistes y mi mala memoria, de mi escaso dinero, lejos de mi pereza por recoger del suelo las monedas que se me caen y lejos de los automóviles de la Gestapo que en la noche se detienen a mi puerta. No es a mí al que están buscando los de la Gestapo, pero de eso nadie se alegra. Nadie se alegra de que sólo busquen a otro.
2 de Marzo Hay una mosca en mi vaso de leche. No tiene peso para hundirse, tampoco las alas le sirven para nadar. Debería tirar la leche por el fregadero, pero es mi último vaso. Basta con sacar la mosca con el rabo de la cuchara. La dejo a un lado, sobre la mesa, y desayuno tranquilamente. La observo. Está moviendo las patas dentro de una gota de leche. Lo que a ella le tortura es lo que a mí me nutre.
3 de Marzo A una furgoneta le ha explotado una rueda enfrente de mi casa, el chofer ha perdido el control y ha chocado con una farola. Traía pescado desde Alicante. Los curiosos se han acercado, también la Policía. Un coche negro se ha detenido detrás y han llenado de pescado el maletero, después se han ido los policías. La ambulancia se ha llevado herido al conductor. La sirena iba apagada. Unos empleados municipales se han acercado para enderezar la farola. Alguien ha llamado a la grúa para llevarse arrastrando a la furgoneta. Dejaba un rastro de agua en el asfalto. Debía tener roto el radiador y también la cámara frigorífica. Los curiosos han regresado a casa. La farola ha quedado tendida sobre la acera. Los empleados municipales se han marchado sin instalarla. El rastro de agua que dejó la furgoneta se ha secado. La calle vacía y seca ha quedado a oscuras como la asfixia de los peces pudriéndose esta noche en algún garaje. Da miedo esta oscuridad de la calle porque además la Policía está en casa comiendo pescado.
5 de Marzo En la Puerta del Sol han instalado un cartel de neón donde se lee: “Ahora somos felices”.
Me gusta pasar por debajo cuando voy camino de ninguna parte. Me gusta pensar que la felicidad pueda tener un mecanismo tan sencillo que permita que alguien sea feliz si se lo ordenan. Envidio a esos para quienes la felicidad es el derecho a equivocarse, echar la culpa a otro, proclamar que el mundo es plano. La inteligencia es una enfermedad.
8 de Marzo La portera me enseña una insignia de las SS que le han regalado para el ojal. Es bonita, una rama dorada de laurel rodea las iniciales grabadas en esmalte negro. Le pregunto quién se la ha regalado y ella esquiva la respuesta, incluso se ha puesto seria porque creo que ha entendido mi pregunta como una provocación. Todos saben que trabaja para ellos, pero sigue siendo un secreto. Le sonrío y por relajar la tensión me atrevo a decirle que todos deberíamos tener una igual. Soy un cobarde. No se me ha ocurrido decirle otra cosa. Los cobardes no conocemos otra alternativa a la de procurar seguir viviendo, aunque hay ocasiones en las que seguir vivo no sirve para nada. Me he ido de putas esta tarde. No ha sido por odio, sólo procuraba huir.
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