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DIARIOS DE LA OCUPACION

25 de abril

 

Control de la Gestapo en la Gran Vía.

        Me gusta dar un rodeo cuando quiero enviar una carta. Es como si con ello hiciéramos juntos parte del camino hasta el destinatario.

Le había escrito a Eliseo para recordarle que en su novela tenía que añadir más apasionamiento porque la rutina nos vence con mirar por la ventana. Yo hace tiempo dejé de escribir, porque me basta con contarme cada día los dedos de la mano. No es una exageración, estaba escribiendo una novela en la que el personaje se levanta y comienza a contarse los dedos de la mano y tenía seis. El problema era que volvía a contarlos y eran seis. Cuando llevaba escritos unas cien hojas, el personaje comenzaba a pensar que no importaba tener seis o cuatro. Las utilidades de tener seis dedos le ocuparon unas cincuenta páginas. Pensé que al final se daba cuenta que tenía cinco, o bien que después del cuatro venía el seis... Aquella novela mía no hubiese tenido editor, por eso le aconsejaba bien a Eliseo.

   Cuando la Gestapo me pidió la identificación, me resultó extraño ver mi nombre en manos del agente. Suele ocurrir que la irracionalidad todo lo transforma, e incluso mi foto parecía la de un hombre aún más mayor y más cansado en manos de él. Conté seis dedos en su guante. Ese hubiera sido un buen final para mi novela, quizá deba retomarla. Rompí la carta para Eliseo.

 

 

 

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