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DIARIOS DE LA OCUPACION

           

27 de Febrero

 

            Paco me ha contado un chiste que no recuerdo pero que tenía gracia.

            Mis padres me envían más dinero, aunque nunca es suficiente.

            Las monedas que dejo caer al suelo rebotan pero no alcanzan de nuevo mi bolsillo.

            Pasan de largo automóviles que doblan la esquina y que no sé a dónde irán; llegan otros automóviles que se detienen en mi puerta aunque hoy no lo hagan por mí.

            Mis amigos sobreviven en algún lugar lejos de mis chistes y mi mala memoria, de mi escaso dinero, lejos de mi pereza por recoger del suelo las monedas que se me caen y lejos de los automóviles de la Gestapo que en la noche se detienen a mi puerta.

            No es a mí al que están buscando los de la Gestapo, pero de eso nadie se alegra. Nadie se alegra de que sólo busquen a otro.

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